Tierra, agua y fuego: nuestras raíces.

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Pòrtol, cantera de un oficio.

Hace 400 años que un grupo de ollers en busca de un lugar donde establecerse y trabajar, descubrieron en Pórtol un paisaje de tierra roja y arcillosaEn esa cantera, modelaron un pueblo y una industria artesana del barro que durante cuatro siglos y a través de un número reducido de familias, sería el recipiente donde, a fuego lento, se cocinarían el arte y el oficio.  

 

“Sa Roca Llisa”, ayer.

El oficio de oller se remonta cuatro generaciones en nuestra familia, legándose de padres a hijos de la misma forma que lo ha hecho el apellido y algunos de nuestros nombres como Pep y Margalida. Desde un horno moruno levantado en 1861, alrededor del que se construyó una zona de tornos y modelado en un modesto cobertizo de madera, hasta la actualidad en que la nave antigua y la moderna forman un todo, el negocio familiar ha ido tomando forma y variándola lentamente, como un bloque de barro en manos del tiempo, adaptándose a los usos y las necesidades de cada época.

De los tiempos en que el oller era un personaje reconocido por sus visitas semanales a los pueblos para vender menaje de hogar, recipientes y utensilios de cocina en un carro tirado por burros, al boom turístico y de la construcción en los años 60 donde pasaron por nuestras manos los ladrillos y tejas que hoy conforman gran parte del paisaje urbanizado mallorquín.

“Sa Roca Llisa”, hoy.

En la actualidad, estamos recuperando los procesos más antiguos de elaboración para compartirlos con personas interesadas en la artesanía y el producto local. Además, y con la misma pausa y cariño que antaño, creamos productos a medida para que, a través de hoteles y restaurantes, el trabajo de oller siga hoy (y mañana) en boca de todos.

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